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Núñez Javier

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El Dios de las pequeñas cosas

Puedes dar la vuelta al mundo y no caer en que lo que buscas está a la vuelta de la esquina
12月12日

CUENTACUENTOS IV .: El sonido de los árboles me tranquiliza

 
<< El sonido de los árboles me tranquiliza... El sonido de los árboles me tranquiliza... El sonido de los árboles me tranquiliza... ¡Mierda de sonido! ¡No me deja pensar! Y encima éste tío me está volviendo loco con sus gritos. Como le pegue un tiro va a dejar de gritar y pegaré un tiro a cada uno de los árboles de éste puto bosque para que dejen de silbar como cotorras...>>
 
<< Son ya más de 50 años y aquí sigo acorralado en mis propios ideales y hoy siento que los mismos que me hacían vivir ahora me hacen encaminarme sin pausa hacia la muerte, hacia una muerte vacia, lenta, absurda... pero ¡Qué coño! ¡Quién aguanta tanto tiempo de represión! Estos cabrones se merecen ésto y más... Ellos se lo han buscado... ¿Dónde estará Julia ahora? Ella sí que me daba la vida, pero no supo comprender la lucha, a algunos nos ha tocado éste papel y no es un papel de actor principal en una gran película... no... es el de un extra que hace el trabajo sucio para una sociedad que ha perdido las ganas de luchar... Julia... Si te hubieras unido a la causa cuando era el momento...>>
 
<< ¡Mierda de vida! Que absurda situación es ésta? Yo en una casa de campo de las afueras provinciales con un tío al que empecé a conocer cuando un superior me enseñó su foto y me dijo: "Éste es tu objetivo"... No le conocía de nada, pero solo ver su foto me hizo empezar a odiarle, con sus aires de nobleza, su traje recién planchado y el pelo engominado... pero ahora, cuando le veo ahí atado al fondo del garaje, con el pelo engrasado, los ojos vidriosos y la ropa arrugada, solo me parece un desgraciado, que ha tenido la mala suerte de tropezarse conmigo, ¡Hijo de puta! ¡Encima tendré que tener compasión de el!>>
 
<< Ya se hace tarde, mejor voy dentro o estos árboles acabarán por volverme loco... Silbando, gritando, moviéndose... ¿Qué queréis decirme? que ¿Pór qué hago esto? ¡Lo hago porque es necesario! ¿Cómo que no? ¿Entonces como vamos a recuperar la libertad? ¡Tu no tienes ni puta idea! Cojo un hacha y me cargo a todos los árboles uno por uno... Sí, esa es la solución... Ya lo sé, ya lo sé, no comprendéis cómo hago esto por una puta reivindicación ¿no? ¡Me cago en Dios! y ¿Quién lo comprende? ¡Yo lo comprendo y basta! Mírale, ahí está sentado, sin su Rolls Royce, sin su chalecito de tres plantas y durmiendo sin su colchón de latex... Mírale... Mírate... ¿Quién coño te manda estar aquí? ¿Dónde estará Julia? ¿De verdad él merece morir más que tu? Le pego un tiro, me pego un tiro... Y este puto silbido de los árboles, me va a reventar la cabeza, ¡o me la revientan ellos o me la reviento yo!>>
 
<<... ¡pum!...>>
 
Y el sonido del disparo hizo que los árboles callaran y en procesión entonaran la marcha funebre de las hojas en el viento.
 
 
 
 
3月26日

CUENTACUENTOS III: Solo me estaba pidiendo una respuesta y eso era lo que más me aterraba

Solo me estaba pidiendo una respuesta y eso era lo que más me aterraba.  No sé si era él o una especie de silueta multiplicada en dos espejos que la hacía espectral. El sol caía ya detrás de los tejados, empezaba a atardecer y aquella pregunta resonaba una y otra vez en mi cabeza.

 

Sabía que era una de esas preguntas que algún día uno ha de responder y van a decidir su camino… Una de esas intersecciones de la vida donde eliges tu camino, donde (conspire el Universo o no contigo) acabas haciendo lo que tu crees que conviene. ¿Equivocarse? No, nunca te equivocas, ya que no sabes nunca como sería tu otro camino. Pero el ser humano es tonto, nos gusta imaginar como hubiera sido si hubiéramos tomado la otra dirección y le damos vueltas y pensamos que quizá hemos errado, que quizá aquella no era la manera de vivir que nosotros queremos.

 

Y el seguía allí, de pie, esperando la respuesta.

 

Yo jugándome la vida en unas cuantas letras y aquí el amigo metiéndome prisa, cual si fuera algo que debería hacer sin pensar, cual si fuera algo automático. Como el que eligiera la mujer con la que va a vivir el resto de sus días con los ojos vendados y a dedo. Como el que tuviera que elegir su trabajo en un sorteo o el animal de compañía que saliera en el momento en televisión.

 

No, si algo tenía el ser humano era el control sobre su destino y no iba a dejar que aquel estúpido e impaciente personaje me estropeara el momento, no iba a dejar de tomar aquella decisión con la más absoluta seguridad y firmeza.

 

Pasó una mujer por al lado mía caminando rápido y me miro y me dijo ‘¿Que pasa? ¿No vas a responder? ¡Te están haciendo una pregunta!’ O quizá no me lo dijo, pero lo insinuó con la mirada.

 

Tantas veces me había equivocado en la vida, no quería que esa fuera una más, no podía volver a contemplar como el destino se reía en mi cara y me enviaba otra por el camino en el que estaba el lobo. Yo era caperucita y aquella cesta con miel y otras delicias tenía que llegar a la abuelita y no iba a haber persona que me engañara o que me incitara a tomar el camino más favorable porque me mentiría, pero… ¿Cómo saber si me mentiría?

 

Aquel hombre repitió la pregunta y el traqueteo en mi cabeza se hizo más y más insoportable, buscaba los pros y los contras a velocidad vertiginosa, buscaba la solución en las nubes, en la combinación de colores del atardecer, en las pequeñas estrellas que aparecían por entre la luz que se apagaba…

 

Y el me repitió la pregunta…

 

- ¡¿Me escucha?! ¡¿El zumo lo quiere con hielo?!

 

Y yo al fin, con todo el peso del destino de los siglos sobre mí ser, respondí:

 

- Sin hielo, gracias, es más natural.

3月5日

POESÍAS I .: Un hombre


Hay un hombre sin nombre y sin destino
hay un hombre cansado en una acera
un sinfín de fantasmas en su sino
un cuerpo envenenado de pasado
un futuro de serpientes acechando
un verbo que no entiende de lexemas.
 
Hay un hombre sin nombre y sin destino
hay un hombre pintado en una acera
un tiovivo que no permite giro
un glaciar escondido entre los párpados
un beso del demonio a cada paso
un apellido, para el solo seis letras.
 
Hay un hombre sin nombre y sin destino
hay un hombre esbozado en una acera
no se escucha de su cuerpo ningún ruido
hay quien dice que Dios le está esperando
yo digo que Dios no estuvo al tanto
de su vida, de su muerte, de su entrega.

CUENTACUENTOS II .: Caminando por la orilla

Caminando por la orilla, como cada tarde, se encontraba el viejo Alfonso o “El Sireno”, que era como le conocían en el pueblo por su gran conocimiento del mar y por su voz que encandilaba.

 

Todas las tardes iba a la playa a dar largos paseos, respirando la suave brisa que llegaba de algún paraíso al otro lado del horizonte, mirando hacia el mar como el que mira a su enamorada el día que despierta a su lado. La playa era larga, desde el centro apenas si se podían vislumbrar sus límites y enfrentándose al mar había unas pequeñas cabañas que un hombre de negocios había tenido a bien instalar allí con el beneplácito (no sin recompensa) del Alcalde del pueblo, el señor Alcántara, más conocido ya por sus corruptelas que por su propio cargo.

 

Alfonso, “El Sireno”, siempre había ido solo a esos paseos, era una costumbre que no había perdido ninguna tarde y para el era curioso contemplar que nunca pasaba nada, por ello siempre había ido allí con espíritu de tentativa al destino.

 

Aquella tarde sí pasó algo, lo que debería conllevar la complacencia del lector, ya que de otra manera ya se habría acabado el cuento. Cuando ya se acercaba al extremo norte de la playa miró hacia el mar y vió un objeto que era arrastrado por la corriente y depositado con extrema suavidad sobre la arena. Alfonso se acercó hacia allí y vió de lo que se trataba. Era un pequeño tarro de cristal con una especie de hoja de papel de crudo color enrollada en su interior a modo de pergamino.

 

Con la mayor parsimonia pero con gran interés Alfonso caminó hacia la arena y se sentó, abrió el tarro de cristal, lo que llevo bastante tiempo y esfuerzo y extrajo el papel desenrollándolo y leyó el siguiente mensaje:

 

“¡¡Hola amigo!! Siempre vengo acá a esta playa por las tardes para darme un paseo y pensé en enviar una cartita aquí en un tarro. Y ¡vaya! Si usted la está leyendo es que llegó a algún lugar. Mi mujer dice que soy un boludo y que si sigo yendo a la arena todas las tardes que me va a cortar las pelotas, pero pues yo necesito venir aquí todas las tardes, no sé si vos lo entenderéis.

 

Verá, tengo el sueño de cruzar un día el charco, pero pues de un salto no llego y los boletos para los barcos son bien caros, así pues pensé que la única manera de cruzar el charco, físicamente, sí, físicamente, era así.

 

Ahora me doy cuenta que yo no sabré que usted la ha leido, porque pues usted no tendrá manera de avisarle, así pues yo le propongo que usted mande un nuevo mensaje y así usted también cruzará el charco y de alguna manera yo sabré que usted recibió mi carta, aunque sea a través de otro ojos.

 

Un saludo,
          desde la otra orilla"                     

 

Alfonso se sintió alegre y sorprendido y retomó el camino para volver, con un pensamiento brotando en su cabeza: "El único límite para realizar nuestros sueños es la imaginación". Cuando volvió a casa cogió un boligrafo, un papel y se dispuso a redactar su pasaporte hacia el otro lado del mar.



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